lunes, 19 de abril de 2021

Resumen de la semana

 Ubérrimo´s  Valley

El Silicon Valley criollo

Declaró Duque al Ubérrimo

miro al país paupérrimo

siempre con cada embrollo

y compitiendo  en  subdesarrollo.

 Asombrado, atónito quedé,  

 Será que me lo soñé,

el gobierno a  qué le apuesta

echar menos en la cesta

Sin huevos, chocolate ni café.





Mera Distracción 

Mostrando armas en frontera

Mientras el hambre nos amilana

Aquella  acción  ha sido vana

Pero el gobierno ni se entera  

Pues sólo llega a cobrar cartera.

Las  tropas en Distracción

para evitar la infracción  

y  salvar soberanía

suena como a  herejía

y genera preocupación. 


domingo, 21 de febrero de 2021

Décimas

 

El show de la vacuna 


Nos trajeron la vacuna

espectáculo vergonzoso

 haciendo así un  gran oso

que La memoria nos enlaguna,

esperando sea oportuna

y nos inoculen al fin

llevándolas al confín

para aquellos vulnerables

los  por siempre alienables  

del gobierno siempre  el comodín.



Marcianos


Aterrizaron en Marte

o  “amartizaron” diré

con amargura suspiré

porque ponen un baluarte

para evitar explicarte

¿por qué miran hacia el cielo?  

Sus corazones de hielo

siguen buscando excusas

y con promesas insulsas

nos tienen postrados en suelo


martes, 16 de febrero de 2021

Mi espejo; el otro, su reflejo; mi sombra: una mirada a la mediación cultural como laboratorio hacia la convivencia.



 *Por: Diego Hernán Ospina Castaño: Maestrante en Educación intercultural (Unad), Licenciado en Educación básica con énfasis en Lengua Castellana.  Docente de  Lengua Castellana

El presente ensayo no pretende ser estrictamente un abordaje técnico o exclusivamente académico.  Es más bien una reflexión desde experiencias de vida que encontraron eco en expertos de los procesos de interacción en  diferentes comunidades humanas,   y que hasta ahora gracias al camino profesional que emprendo,  muy seguramente me darán la oportunidad  de comprender las complejidades del ser humano, de  las comunidades, de las interacciones socioculturales, las tensiones, los conflictos;  de las oportunidades de mediación  y los retos que suponen el embarcarnos en esta tarea.  Como dice Zemelman (2011). "Ir más allá de lo alcanzado, y con todos,  y a pesar de muchos construir caminos que nos lleven a vislumbrar nuevos misterios que son a su vez nuevos renaceres". 

Desde esta perspectiva  la mediación cultural es una gran alternativa para acortar distancias, desescalar conflictos, cerrar heridas, mirar al otro, aceptar la diferencia, respetar particularidades, construir colectivos. ¿Cómo me sitúo ante la mediación cultural? la mediación ha sido en mi vida  un largo camino de aprendizaje desde la explosión adolescente hasta el recato en la madurez.  Son términos que brotan más desde la sensibilidad y subjetividad de una mirada a  experiencias muy personales,  que del conocimiento  siquiera somero de las profundas investigaciones que hasta ahora empiezo a descubrir existen al respecto. Me sitúo en el momento de abrir  mi mente  hacia la exploración hacia la  mejor manera de interactuar en el ámbito educativo  y social como posible mediador, al igual que  con la seguridad que aceptando las diferencias, comprendiendo la visión de los otros es desde donde se podría construir una sociedad más justa, respetuosa, tolerante e incluyente.

Mi expectativa frente a lo que  espero recibir de la mediación cultural para  mi ejercicio profesional,  es contar con  el soporte argumental, herramientas, estrategias, discursos que pongan en  contexto múltiples tensiones y conflictos, que  den dirección en posibles  mediaciones  a  situaciones que muchas veces tendemos a normalizar.

¿En qué situaciones concretas de mi contexto, barrio, municipio o región, veo la necesidad de hacer  uso de la mediación cultural? Desde Choachí, la zona donde trabajo desde hace cinco años como docente,  con una población que estuvo durante décadas infiltrada por diversos actores de violencia, lo que aisló a sus pobladores manteniéndolos  inmersos en un profundo atraso en cuanto infraestructura y desarrollo social,  pero que  últimamente   ha venido acercándose más a Bogotá   y  se ha transformado en un atractivo destino para pasear, disfrutar de su rica oferta gastronómica  y también  para  vivir.  Personas en busca de un clima templado, una vida tranquila y oportunidades laborales ha generado migraciones de personas desde diferentes zonas del de departamento y del país. 

La reciente migración de personas y familias desde Venezuela no ha sido ajena a esta población de Cundinamarca, lo que ha generado interacciones  multiculturales en un territorio con baja densidad poblacional, haciendo de Choachí  otro territorio intercultural  en las actuales circunstancias. Es imperativo  involucrar  la escuela para  generar espacios  desde la mediación  cultural en la búsqueda de hacer de las migraciones una oportunidad de enriquecimiento recíproco entre todos quienes intervienen en dicho contexto y hacer de ésta  un laboratorio hacia la sana convivencia.

¿Qué aspectos presentados por Carlo Giménez son aplicables  a la situación de mi contexto y cuáles se quedan cortos o son insuficientes?

Según Giménez (1997), se deben  considerar cuatro puntos básicos en la negociación desde la mediación cultural: las personas, los intereses, las opiniones  y los criterios. Algunos puntos esenciales o ideas - fuerza en cada uno de esos ámbitos son: separar   a las personas del problema; abordar  las situaciones de conflicto desde las particularidades de sus protagonistas,    para entender la situación  y así construir conjuntamente  mediaciones  en posibles soluciones. Centrarse en los intereses, no en las posiciones: Analizar los intereses comunes que pueden existir aún en situaciones de conflicto para buscar mediaciones tanto   desde las tensiones como desde  las afinidades.

Pasar de las posiciones a las opciones, inventar opciones en beneficio mutuo. Trabajar juntos para crear alternativas  que satisfagan a ambas partes.  Pasar de las protestas  a las propuestas; crear espacios de participación  donde todas las partes sean escuchadas  y tenidas en cuenta para encontrar  objetivos comunes.

Insistir en utilizar criterios objetivos. Apartar lo más posible la emocionalidad y el prejuicio, establecer canales de mediación, de conciliación  y de abordaje objetivo de las situaciones de tensión, escuchar las partes y proponer arbitramento externo que haga seguimiento a los procesos de acercamiento. 

Todo lo anterior aplicado al ámbito educativo como  punto de partida hacia una cultura de la mediación cultural y la tolerancia.  Particularmente desde una lectura  del contexto donde me desempeño evidencio que en un país tan desigual, con desidia por la ruralidad, cualquier proceso de mediación se quedaría corto sin inversión y sin recursos. También observo como una posible amenaza que el interés actual por  formar profesionales y promotores en mediación cultural se pierda en el auge desperdiciando la oportunidad de  incluirlo  como un propósito de formación en la escuela y por extensión en las comunidades.

Desde mi contexto actual de una escuela rural, en un municipio pequeño, pienso que la mejor manera de mediar en la interculturalidad debe estar centrada en reconocer la memoria colectiva, los saberes regionales, reconocer la historia de los otros,  permitirles ser parte de nuestros territorios, de contribuir en su dinámica, sin poner la diferencia como obstáculo sino por el contrario como un puente, que vincule de forma armónica a los otros, y hacer de la  mediación la   alternativa para desescalar las tensiones generadas en múltiples ocasiones desde el mismo discurso en el aula.  Como docente abriría espacios de debate, de exposición de posturas críticas argumentadas, la escucha y el reconocimiento de los otros.

La escuela es responsable de abordar temáticas que en otros contextos por falta de información o prejuicio no se darían y es en últimas la que estaría llamada a romper paradigmas  que históricamente se han validado y configurado en perturbadores lastres que debilitan cada vez más el ideal de una sociedad más igualitaria e incluyente.  

Empatía, promover la mirada de igual a igual, ser capaces de reflejarnos en los otros, hacer del otro mi espejo para nunca agredirlo, y de su reflejo mi sombra para siempre procurar su bienestar. 


Referencias bibliográficas

Giménez, C. (1997). La naturaleza de la mediación intercultural. Migraciones. Publicación del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones, (2), 125-159. Recuperado de  https://revistas.upcomillas.es/index.php/revistamigraciones/article/view/4888/4712

Giménez, C. (2001). Modelos de mediación y su aplicación en mediación intercultural. En, Migraciones, Publicación del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones, [S.l.], n. 10, p. 59-110, ISSN 2341-0833. Recuperado de  https://revistas.upcomillas.es/index.php/revistamigraciones/article/view/4376

Monsalve, L. (2020) ¿Qué son y de qué se ocupan las mediaciones culturales? Recuperado de  https://repository.unad.edu.co/handle/10596/38041  

         Giménez, G. (2005). La discriminación desde la perspectiva del reconocimiento social. En, Revista de Investigación Social, año I, núm. 1, verano de 2005. México, D.F. (pp. 31-45). Recuperado de http://ru.iis.sociales.unam.mx/jspui/handle/IIS/5259  


sábado, 24 de octubre de 2020

No quiero reinventarme...

 


Una  vida en apariencia perfecta.   El capitalismo salvaje había absorbido por completo su cotidianidad, no importaba si eran felices, pues la felicidad    era determinada por la gran variedad de artículos, accesorios, aparatos, borracheras, agite citadino y convulsionante actividad social que era el referente de estar vivos.

Con desdén  veían  como quienes no habían tenido la fortuna de poseer una vida de bienestar y opulencia, caminaban alrededor de sus  autos en la parada del semáforo, y evitaban que siquiera acercasen su esponja derruida por el exceso de uso a las ventanillas.

En el transporte masivo la desbandada de vendedores con todo tipo de artículos, canciones, golosinas, historias, tragedias familiares y también mentiras, entretenían de alguna manera o a regañadientes el trayecto diario de la casa al trabajo y viceversa. 

La romería de millones de  transeúntes, unos en la marginalidad,  otros en el hampa, en el mundo académico, en el proxenetismo, en la mendicidad, la informalidad, el arte, la vida religiosa, la cultura, la mensajería, los servicios de aseo, y un sinnúmero de oficios y actividades mantenían vigente  el ritmo agitado, excitante, deslumbrante y complejo de una ciudad como Bogotá. 

Las madrugadas con el frío que calaba los huesos, la ciudad que empezaba a despertar en medio de atascos de tráfico vehicular, transporte público hacinado, cleptómanos autodiagnosticados por el galeno de la necesidad y la excusa de la falta de oportunidades madrugaban igual que sus víctimas, pues a eso de las 10 de la mañana  su ardua labor se reducía al ritmo de la ocupación de los centros comerciales, locales de venta al detal, clínicas, restaurantes y  oficinas,  por la horda matutina  que vende al mejor postor sus servicios para luego regresar hambrientos y energúmenos en la tarde a sus casas y lamentar no ganar millones, humillar a sus hijos por lo desagradecidos que resultaron ser y  despotricar de su pareja que casi siempre tiene un horario que impide coincidir en casa para  equilibrar las cargas del mantenimiento del hogar.

Oficios, tareas escolares, vigilar a su hijo adolescente para que deje de meterse en problemas y otros hijos de diferentes edades,  que perdieron total respeto por sus mayores y que en cambio  quieren hacer  lo que se les pegue la gana mientras cumplen la edad de convertirse accidentalmente  en padres para continuar perpetuando la especie de desadaptados, rebeldes sin  causa,  adictos al dinero el cual  quieren conseguir con apenas haber  culminado  el bachillerato o  por lo menos   entrar al SENA para convertirse  en un peón más del ajedrez que preserva la realeza sacrificando la vida de todo cuanto los rodea, con la única consigna del deber natural de la especie humana; “sacrificar a los incautos y desposeídos  para hacer  prevalecer la ambición de los hábiles y aventajados que pasan por encima de quien sea en virtud de su prosperidad económica”.

Pasan los días, semanas, meses  y año tras año la historia se repite en una interminable y cíclica ensoñación que si bien no es un cuento de hadas sus protagonistas se empeñan  convertirlo en pesadilla.

La fuerza de la costumbre cobra vigencia y el instinto de supervivencia mantiene a todos alerta; no mire, no diga, y el mínimo roce en un bus atestado se convierte en la ofensa capital que  vuelve a todos  paranoicos, enclaustrados en inseguridades y frustraciones donde es casi imposible encontrarle sentido a lo que se hace y mucho menos lo que con esfuerzo hacen quienes les rodean.

Diversas historias y personas con diferentes perspectivas pero con algo siniestro en común: la incapacidad de ponerse en los zapatos del otro.

El otro, lo otro, los otros, si tan sólo por un instante detuvieran su marcha y miraran alrededor cuan distinto sería su andar en adelante.

Un día cualquiera el mundo cambió, tal  como lo relata Albert Camus  en su obra  La Peste “nuestros conciudadanos no eran más culpables que otros, se olvidaban de ser modestos, eso es todo, y pensaban que todavía todo era posible para ellos, lo cual daba por supuesto que las plagas eran imposibles. Continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones.  ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas". Camus A. 1947. 

Los trenes pararon sus motores, los aviones dejaron de volar, los barcos dejaron de cruzar los mares, las fábricas dejaron de producir, los restaurantes sin comensales  quedaron, hoteles sin viajeros que hospedar y poco a poco la humanidad se fue sumergiendo en una suerte de agorafobia que provocaba absoluto pánico salir, encontrarse, saludar y mucho menos abrazar o besar.  Aunque  la habilidad de adaptación de algunos  encontró maneras de expresar afectos eludiendo  restricciones  y prohibiciones que si bien pueden significar de alguna manera una estrategia de supervivencia dejaron de manifiesto la gran capacidad del ser humano para  saltarse la norma y hacer prevalecer su instinto dándole rienda suelta a sus más básicos deseos.

 

El confinamiento era inminente y como en una versión moderna del Decamerón todos tuvieron  que encerrarse, no en abadías medievales para aislarse de la peste bubónica, sino en apartamentos y casas apiladas de las grandes ciudades para que nadie ajeno respirara cerca,  sitiados por un enemigo invisible, minúsculo e imperceptible. No contarían historias como en el libro de Boccaccio, sino que durante días estarían viendo las noticias recibiendo notificaciones o publicando estados de su situación en el encierro. Un mundo globalizado,  al alcance de un click,  que se ufanaba de ser libre pero encerrado ya en sus egos, su desbordada vida social,  su ceguera ante la tragedia  y desgracia de los menos afortunados se enfrentaba de golpe a la más grande amenaza : el miedo.

Ese horrible sentimiento que saca lo mejor y lo peor de cada quien y se vincula paradójicamente con la supervivencia y el bienestar individuales.  

En pleno siglo XXI, quién se iba  a imaginar que al igual que las guerras mundiales del siglo anterior éste  traería de vuelta zozobra, paranoia y de un día para otro nuestros espacios de socialización se convertirían  en enemigos mortales y la consigna de “no salgas porque pasan cosas, hicieron de nuestro entorno una cárcel, una mazmorra donde se expiarían las culpas por haber provocado como especie daños irreparables al planeta, explotado indiscriminadamente recursos invaluables, arrasado  bosques, contaminado ríos y mares, además de haber olvidado que el planeta es de todos y que  todos necesitamos y nos debemos a él.

Casi seis meses de confinamiento pusieron  de manifiesto el desequilibrado equilibrio en que nos habíamos acostumbrado a vivir, y la necesidad de sobrevivir y continuar con nuestras vidas  en medio de semejante crisis obligó a millones a adaptarse, evolucionar y “reinventarse”, y como es apenas obvio en todas las situaciones que implican vincular la especie humana algunos hicieron de este ejercicio de reinvención  la oportunidad perfecta para aprovecharse de la crisis y  mostrar tanto aciertos como fatales e inconcebibles equivocaciones.

El transporte masivo tuvo que reinventarse y procurar a los ciudadanos la cantidad de buses que garantizaran el distanciamiento mínimo anticontagio, dejando en evidencia que antes habría podido prestar un buen servicio,  la empresas de confecciones empezaron a fabricar cantidades exponencialmente altas de tapabocas, pero ante la demanda también comenzaron a cobrar cifras exponencialmente altas por un trozo de tela con dos sujetadores,  miles de empresas amparadas en la crisis que estaban teniendo aprovecharon para desvincular momentáneamente a muchos empleados pero luego no los llamaron más, los padres al tener que estar con sus hijos todo el tiempo se convirtieron en docentes de apoyo,  los docentes se convirtieron en orientadores virtuales del proceso académico por  whatsapp, y en ocasiones también pudieron  evadir su responsabilidad aludiendo una conexión lenta o la caída de la red; pero también   quedó  en evidencia que no hay conectividad adecuada en Colombia  en pleno siglo XXI,  el ejército se reinventó dejando de luchar con insurgentes, narcotraficantes y bandidos,  dedicando su energía a perseguir líderes sociales y detractores del gobierno de turno, la policía dejó de procurar seguridad y algunos de ellos  se reinventaron cuidando quién usaba tapabocas, además de apalear o  electrocutar  hasta la muerte a uno que otro transeúnte que no estaba acostumbrado a un encierro obligado. Los atracadores que siempre son innovadores en su práctica y estrategias, se reinventaron sumando un accesorio más a su atuendo; un tapabocas para hacer absolutamente  imposible su identificación,  y   el jefe de estado dejó de gobernar pues en definitiva no lo había hecho pero en cambio se reinventó como presentador de su propio “reality” que buscaba con eufemismos  distorsionar una realidad que ya venía deteriorada y maltrecha.

Fueron muchas las alternativas de reinvención en contraste con los beneficios que realmente evidenciaron ante la crisis. Si bien la cuarentena 2020 trajo reflexiones y oportunidades para tomar un nuevo rumbo, también fue la excusa perfecta para abusar del poder, someter a los desfavorecidos y  usar el miedo para doblegar voluntades.  Yo sigo en lo vernáculo, me gusta la simplicidad, lo sencillo y altruista. No quiero aprovechar las crisis para fabricar un nuevo lastre, porque si reinventarse, evolucionar  significa aprovecharse, abusar y mentir preferiría devolver el tiempo e impedir que la abstracción de progreso,  avanzada y felicidad sea el egoísmo, la corrupción, la pereza, la procrastinación, el consumismo desmedido para darle paso a la responsabilidad, el trabajo honesto,  la empatía y la contemplación.

Quiero un mundo que haya aprendido de la experiencia sin caer en la fatalidad,  de adaptarse al cambio de hábitos sin llegar a la zozobra, un mundo capaz de retomar el rumbo sin olvidar el camino recorrido, de hacer memoria sin obsesionarse por el pasado, de llorar sus muertos sin acostumbrarse a la violencia, de buscar el bienestar colectivo, de pensar en progreso sin explotar al otro, de hacer de nuestro mundo un hogar para todos. De lo contrario creo que ya he expuesto demasiadas razones por las cuales no quiero reinventarme.

 

lunes, 21 de septiembre de 2020

Iván en el país de las maravillas


En un pintoresco territorio de la esquina noroeste de Sudamérica vivía un hombrecito miembro de una aristocrática familia, que  se mantuvo activamente en la élite formando parte desde pequeño de galas y banquetes de la clase política dirigente de su país,  Lo que al parecer le impidió ser consciente de la realidad que lo rodeaba  haciendo de este un ser con ansias de poder, con delirios de realeza pues sus títulos eran Duque y además marqués (Márquez).

Intempestivamente después de estar durante mucho tiempo lejos de ese territorio, participando en fiestas reales  en el feudo del tío Sam,  Volvió a su tierra que lo vio nacer pero que poco o nada conocía. De regreso a su tercermundista latifundio quiso continuar con sus ínfulas capitalistas y de realeza europea, convencido de que podría seguir tomando té con todo su séquito al servicio de la oligarquía,  recibiendo apoyo de los grandes industriales y mafiosos, convirtiéndose en títere del gran rey feudal de corazones grandes y manos firmes (evidentes en las autodefensas paramilitares y su inflexible absolutismo)  que después de gobernar durante 8 años se mantuvo en el poder de forma autócrata y desmedida  adoctrinando al futuro duque,   lo que convirtió  en poco tiempo a este visionario mercader de ideas naranja en su marioneta  para perpetuarse en el poder.

Con un discurso bien aprendido y repetido casi que de forma idéntica a su mentor y emulando  su estrategia de ordenar cortar cabezas a opositores en cargos públicos, medios de comunicación, líderes sociales y a cualquier intento de cuestionar sus acciones, o mejor  visibilizar su inoperancia, este solipsista y bisoño personaje con perfil histriónico, logró convencer a los súbditos del rey que mantendría la seguridad democrática de aquel pintoresco reino.  Logró convencer al pueblo que sería el fin del autoritarismo, pero tan pronto se proclamó Rey, o mejor como duque, hizo trizas los pactos de paz, emprendió una campaña de retoma a sangre y fuego de las  políticas fascistas de su mentor, y  mientras su reino se inundaba de sangre él continuaba tomando el té como estaba acostumbrado pues la "aguapanela" le era ajena y hablaba de su país como una sociedad nórdica permaneciendo inmóvil y celebrando la misma reunión como un tétrico deja vu hablando sobre lo eficiente y oportuno que había sido su reinado durante la gran peste que azotó  a su pueblo.

Confinó a la gente en sus casas durante cinco meses para evitar el contagio,  mientras él entregaba su feudo a la debacle de la corrupción, el exceso de fuerza y  matanzas en todo el territorio perpetradas por diversos actores del conflicto en contra de  líderes sociales, campesinos, maestros, estudiantes  y cualquier ciudadano que osara cuestionar o denunciar la barbarie que se gestaba con la indiferencia y beneplácito del  monarca.

Cualquier abuso u operativo en que se vieran involucrados civiles de inmediato era  justificado  en la llamada recuperación de la seguridad,  y las masacres eran minimizadas con el eufemismo de homicidio colectivo, en un macabro juego de palabras y acciones que inculpaban a las poblaciones acorraladas en el conflicto como auxiliadores de un bando o el otro, dejando a dichos pobladores a su suerte, mientras el duque se pavoneaba argumentando que todo era resultado de un proceso de reconciliación fallido, y el machacado y retrógrado discurso nacionalista pondría de nuevo a  aquella ensangrentada y dolida comarca en el escenario de una eterna guerra, evidenciando el profundo daño que provocó  a este particular personaje haber hecho carrera política en el primer mundo para regresar a gobernar un feudo tercermundista.

Sus ínfulas de aristócrata eran evidentes en encuentros casuales con mandatarios y reyes que luego explicaba a los medios de comunicación como cumbres y charlas concertadas de escasos cinco minutos y entre  ser títere del rey de corazones y  mandadero del imperio yanqui se le fueron los 4 años de ilusas contemplaciones de un país desangrado, entregado a la miseria, al abandono y la ingobernabilidad.

Marchas, protestas, movilizaciones populares, masacres, represión gubernamental, prestamos a empresas privadas propiedad de grandes grupos económicos, abandono a pequeños emprendimientos, sonrisas y abrazos hipócritas, discursos anacrónicos hacían del duque Iván un bizarro y ridículo  bufón que vivía en otro tiempo, en otra comarca, en otra realidad, en el ideal sólo posible en su limitado mundo compartiendo con los poderosos sus ínfulas de oligarca y bebiendo el té de la guerra cada tarde con su rey de corazones que continuaría ordenando decapitaciones a detractores, para celebrar eternamente su absolutismo y tiranía  en el  país de las maravillas. 

viernes, 4 de septiembre de 2020

Sálvese quien pueda



“Es que esto acá no es atenidos a ver qué hace el gobierno por cada uno de nosotros” Martha Lucía Ramírez


Después de casi  seis meses de  aislamiento,  obligatorio, inteligente, negligente, inconveniente, atroz, nefasto  con demasiado ruido desde los canales nacionales y pocas nueces  en las calles y barrios de los más desfavorecidos quienes terminaron sucumbiendo y poniendo la mayor cantidad de víctimas ante la indolencia de las políticas neoliberales, fascistas que dejó a la virgen de Chiquinquirá la suerte de quienes lamentablemente continúan creyendo que un milagro salvará la insensatez, indisciplina y pésima gestión de los gobernantes que  desviaron por todos los medios posibles la responsabilidad de administrar de forma sensata los recursos para evitar el gran deceso de la ya frágil economía colombiana.

Pequeños emprendimientos cerrados, empresas quebradas, negocios informales perseguidos y una sociedad  encerrada en sus casas mientras la delincuencia se pavoneaba como si nada a sus anchas  arrinconando a los pocos que aún podían salir a  tratar de mantener a flote sus familias.

La promesa de una renta básica se convirtió en la excusa perfecta para desviar recursos,  como lo decía nuestra flamante vicepresidente, filósofa contemporánea   “es que esto acá no es atenidos a ver qué hace el gobierno por cada uno de nosotros”, qué tal los atenidos que no han podido estudiar, ni tener un trabajo digno,  ni un sistema de salud eficiente por culpa de otros atenidos gobernantes que sólo piensan en enriquecerse, desfalcar los recursos públicos, crear leyes que sólo benefician a los bancos privados al igual que  a las grandes empresas de los grupos económicos nacionales y extranjeros. Que tal los colombianos atenidos, en vez de seguir el ejemplo emprendedor  del hermano  de  Martha Lucía quien en 1997 ya tenía una empresa exportadora de un preciado y apetecido producto para los gringos.  Un talco alucinante por el que innumerables  colombianos han perdido la   libertad pero el emprendedor hermanito de “martuchis” sólo tuvo que llamar a su influyente familia y pagar una módica fianza de más de 150.000 dólares.      

Llegó el fin de la cuarentena con la incertidumbre de lo que será la vida de millones de colombianos que perdieron su trabajo, y de tantos millones más que estaban en la informalidad  precisamente por no ser atenidos y terminaron pagando multas  y sin poder acceder a créditos por no tener cámara y comercio, porque en Colombia sólo se apoya a las grandes empresas respaldadas por los monopolios y una vez más se le mintió a los millones de atenidos que no tenían cómo sobrevivir en medio de la más profunda crisis sanitaria, económica, política y humanitaria.

Se detuvo el país con el pretexto de evitar el contagio masivo,  pero la incertidumbre de quienes dependían del diario les obligó a continuar en las calles arriesgando su salud y la de sus familias.  Los recursos que habrían sido suficientes para que los hogares menos favorecidos pudieran seguir consumiendo sus elementos de primera necesidad fueron despilfarrados y disfrazados en días sin IVA y subsidios que nunca llegaron a sus destinatarios.  Por el contrario  se empezó a recriminar por la falta de disciplina en un país donde históricamente  el estado ha sido  aliado del hampa,   un país desigual y corrupto.  Se habló de autoregulación y distanciamiento en una nación donde los servicios de salud siempre están hacinados y las aulas de clase repletas de estudiantes en condiciones precarias.

  Se acabó la cuarentena 2020, y todo empezará de nuevo. Ya mañana otro sofisma de distracción ocultará todos los escándalos de corrupción y malos manejos que  el actual gobierno hizo durante la cuarentena en beneficio  de los mismos grandes capitalistas en su alianza mafiosa con los carteles de la droga, los paramilitares y la subversión.  Las promesas del primer mandatario en su programa de “prevención y acción”  solo logró prevenir su propio contagio y el de su gabinete;  y  se puso en acción para  beneficiar a  corruptos con los recursos que debieron haberse invertido en mejorar las condiciones de los hospitales, y centros de salud, así como la de los trabajadores que perdieron su empleo.   

Cada gobierno es una versión mejorada de lo desleal y antidemocrático que puede llegar a ser el poder. Usando las crisis para desviar la ya atrofiada atención de las masas y entregar a la delincuencia, tanto la de cuello blanco como la de ruana,   para que hicieran feria durante  163   días a sus anchas en todo el territorio nacional. A quienes no mató el virus los mató la gran cantidad de hechos violentos y masacres, perdón : “homicidios colectivos”  pues al parecer para nuestro anaranjado  presidente y su ministro de defensa  el uso de términos sinónimos desdibuja la magnitud de la tragedia, lo mismo que pasó con el hermanito de la vicepresidenta, que no fue mula del narcotráfico sino exportador  a menor escala de productos alucinógenos hacia los estados unidos,  Uribe no es paramilitar sino promotor de grupos de defensa de los campesino, que terminaron aniquilando y desplazando a quienes supuestamente defendían, los colombianos no somos corruptos sino  “avispados”  y la nueva etapa en el manejo de la emergencia sanitaria  no es un "sálvese quien pueda" sino un aislamiento selectivo de distanciamiento y responsabilidad individual. Toda esta suerte de conceptos y términos demagógicos dejan en el limbo a los ciudadanos del común quien en últimas con tal de sobrevivir venderá hasta su conciencia y por la inmediatez del momento se endeudará hasta el cuello, pagará cuotas cada vez más altas para luego cuando por fin esté cerca su tan anhelada jubilación darse cuenta de que no posee absolutamente nada.

Si bien la cuarentena 2020 se había vislumbrado románticamente como la oportunidad de hacer de nuestro mundo un lugar mejor; sí que lo fue. Un mejor lugar para los gobernantes e industriales neonazis que tienen una especie de rencor absoluto por las minorías, por los necesitados, por quienes no han contado con el respaldo de las monarquías y han ido escalando posiciones poniendo de peldaños a quienes siguen esclavizados, explotados o como lo diría nuestra flamante  vicepresidente “atenidos”. Hoy  el presidente Duque muestra su magnificencia, leyendo una interminable lista de supuestos progresos en materia de salud pública y bienestar social, totalmente vigente en el papel pero absolutamente  etérea  en nuestra macondiana   realidad.  

Nuestro hermoso país nunca ha tenido un rumbo cierto, sigue siendo un barco a la deriva, capitaneado por la mezquindad tanto de los electores como de los elegidos, un barco que nunca llega a puerto seguro porque es mucho más fácil seguir remando en las turbulentas aguas de la corrupción, la indiferencia y la ignorancia que tocar un puerto donde se haga un alto, se calibre la brújula,  se alineen las velas y con la carta de navegación pensada  con sensatez se leven anclas y se continúe navegando con la certeza  que nunca hemos de naufragar.

Nuestro capitán en dos años más abandonará el barco, conquistará territorios con el único propósito de labrar su propio destino y dejará de nuevo un barco ajetreado, desgastado con las velas rotas y una brújula absolutamente desorbitada.

El barco al garete  continuará, mientras millones de viajeros producto de la inhumanidad son arrojados por la borda y seguirán naufragando y dejados a la deriva por sinuosos caminos que nunca han de enderezar;  un gran barco que solo mantendrá a bordo  a los grandes señores de los monopolios, las mafias, la corrupción y la violencia. Un barco que navega en ríos de marginalidad y sangre, un barco que seguirá trasegando en celebraciones y banquetes. Ese barco que no admite atenidos sólo seguirá manteniendo a salvo a millonarios y corruptos lanzando un pequeño y desinflado flotador con la consigna “sálvese quien pueda”.


sábado, 18 de julio de 2020

RESURRECCIÓN




Gabriel despertó después de un largo y profundo sueño completamente solo,  como se había sentido en los últimos 2 años. Miró a su alrededor y un absoluto silencio callaba su voz. De pronto notó que seguía ahí, rodeado de la misma gente que lo había menospreciado durante años, de la que sólo había recibido burlas, críticas y  comentarios malintencionados, al igual que de  algunos de sus compañeros del colegio.

Mientras caminaba se cruzaban en su camino todos aquellos que empezaron jugando y terminaron haciendo de su vida la más sórdida y miserable experiencia existencial. Pero esta vez fue distinto, todos parecían ignorarlo, casi como si no estuviera ahí respirando el mismo aire de sus incansables verdugos. Por primera vez en su vida de colegio y como sumergido en el más patético síntoma del síndrome de Estocolmo, extrañó los insultos, empujones y demás abusos de los seis chicos de octavo, que esta vez lo miraban como si al final de cuentas hubiesen logrado entender la pesadilla que sufriera quien los tuviera  cerca. Continuó el  camino hacia su casa y por única vez en mucho tiempo fue feliz. Recorrió con paso lento pero seguro y tranquilo ese trayecto de regreso.

Caminaba confiado en que nadie lo seguía, sin embargo no lograba entender por qué ese cambio repentino, justo y necesario. Al aproximarse a su casa halló la puerta abierta y el revuelo de toda su familia le hizo pensar - “hoy no es mi cumpleaños”-, allí en medio de toda esa oleada de carreras y algunos gritos afanados empezó a notar que algo grave había sucedido.  Miró a Santiago, su mejor amigo quien en silencio lo miraba fijamente, sin pronunciar palabra.  Junto a él estaba su madre, que hablaba por celular con la voz entrecortada. Lo miró fijamente pero no le dijo ni una palabra. Siguió de largo y cerró la puerta tras de sí para después abandonar la casa.

Subieron todos al auto, él por fin pudo preguntar –mamá qué pasa- pero ella continuaba hablando por celular, mientras conducía. Santiago su amigo, iba en el puesto del copiloto, lo miraba con una profunda tristeza y lágrimas en sus ojos a través del espejo retrovisor; pero tampoco le decía algo en absoluto. Al llegar se dio cuenta de que estaban en el parque cercano al colegio.  Las puertas delanteras del auto se abrieron; su madre y su amigo Santiago salieron corriendo. Al mirar por la ventana vio al otro lado del parque el auto de su padre. La policía había puesto ya la cinta amarilla acordonando la zona e impidiendo el acceso. Gabriel también bajó del auto, preguntó a varios curiosos qué había ocurrido, pero ninguno respondía su interrogante. En ese momento Gabriel empezó a imaginar que todo aquel caos era provocado porque algo le había ocurrido a su padre. Al llegar al parque vio a su madre abrazar desconsolada a su amigo Santiago quien con cara de espanto continuaba en silencio mientras miraba a Gabriel. En ese momento su mejor amigo mirándolo fijamente le preguntó - ¿por qué lo has hecho? Miró a su alrededor y volvió a ver a todos sus compañeros del colegio que ahora si lo veían y con un gesto totalmente contrario del que habían expresado durante años por Gabriel, y por una razón que aún no lograba entender sintió como quienes se habían burlado de él durante años se ahogaban en  una honda pena;  mirándolos fijamente sintió como la  compasión, empatía y respeto podían brotar sinceramente de corazones que hasta el momento parecerían imposibles,  para encontrar asidero en aquellos que otrora sólo emanaban fuentes congeladas de amargura.

Lamentablemente al parecer era demasiado tarde, pues el dolor provocado había sido tan grande y profundo que sólo regresando el tiempo habría la oportunidad de evitar aquel hondo sufrimiento.

De repente Gabriel se vio de nuevo rodeado por todos aquellos que lo conocían incluyendo sus crueles compañeros, miró fijamente a sus padres, a su mejor amigo; Santiago,  y uno a uno a los ojos de aquellos que hasta el momento habían hecho de su vida un infierno. Ya no tenía miedo, por el contrario todo sería diferente,  en adelante ya no había por qué temer. Miró una vez más a todos los que estaban allí con él. Miró a sus padres y al girar se dio cuenta de que ya era demasiado tarde, que ya los lamentos y lágrimas poco ayudarían; en un instante toda su vida pasó frente a él, sus enemigos lo amaron, sus padres se reconciliaron y él se vio a sí mismo colgado por el cuello del cedro de la esquina noreste del parque cerca de su colegio.